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Antonio Maceo

José Antonio Maceo y Grajales, conocido como Antonio Maceo y con el sobrenombre de "Titán de Bronce", nació el 14 de junio de 1845, en una zona rural de la ciudad de Santiago de Cuba.

Hijo del mulato venezolano Marcos Maceo y la mulata liberta (como se les llamaba a los afrocubanos que habían obtenido la libertad de una forma u otra) Mariana Grajales, con el grado de General fue el segundo Jefe Militar del Ejercito Libertador, uno de los líderes independentistas más destacados de la segunda mitad del siglo XIX en América Latina.

Aunque su padre le enseñó la destreza en el manejo de las armas y habilidades en la administración de propiedades, además de educarle en un código de honor inflexible, fue su madre, Mariana Grajales, quien le inculcó una férrea disciplina, al punto de ocasionarle una pasajera tartamudez en su infancia y que superaría en la adolescencia.

José Antonio Maceo y Grajales

Esta disciplina sería fundamental en la forja de su carácter y se vería reflejada en sus actos como líder militar, puesto que su madre Mariana Grajales, ante el altar familiar, conminó a su esposo y sus seis hijos a luchar por la independencia de Cuba o morir en el intento, lanzándose ella misma a la "manigua redentora" para apoyar desde la retaguardia las acciones de los mambises, como se conocía a los independentistas cubanos.

Su carrera militar con el Ejército Libertador Cubano comenzó cuando su padre, junto a él y varios de sus hermanos, se unieron al alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes como soldados.

Por su valentía en el combate, sus habilidades estratégicas y su ejemplar disciplina ascendió con rapidez en la escala militar, a pesar de las tendencias racistas y clasistas de varios de los propios patriotas, cuyo origen era francamente burgués o aristocrático.

El origen humilde de Maceo y el color de su piel demoraron el ascenso a Mayor General del excepcional mambí, aunque ya los grados de Coronel y Brigadier General los había alcanzado con rapidez.

Los hombres a su mando comenzaron a llamarle "El Titán de Bronce" por su excepcional vigor físico y resistencia a las heridas de bala y arma blanca. Se recuperó de las más de 25 heridas de guerra y parecía que ninguna de ellas afectaba su valor cuando entraba en combate.

El General Antonio Maceo fue uno de los líderes Cubanos que rechazó la firma del Pacto del Zanjón, que puso fin a la Guerra de los Diez Años. Protestó ante los términos impuestos por el Mariscal Arsenio Martínez Campo el 15 de Marzo de 1878 porque no cumplían con ninguno de los objetivos de los independentistas: ni la abolición de la esclavitud, ni la independencia de Cuba. Encuentro considerado hoy como una de las páginas más dignas de la historia de Cuba, reconocido además como "La Protesta de Baraguá".

En 1896 en su intento de reunirse con el General máximo Gómez en las zonas de Las Villas o Camagüey, en las cercanías de Punta Brava, finca de San Pedro, Maceo avanzaba solamente acompañado de su escolta personal (dos hombres), el médico de su Estado Mayor, el Brigadier General José Miró Argenter y una pequeña tropa de no más de 20 hombres.

Cuando intentaban cortar una cerca para continuar la marcha fueron detectados por una fuerte columna española, que abrió un intenso fuego. Maceo fue alcanzado por dos disparos: uno en el torso, no grave y otro que luego de quebrarle la mandíbula le penetró en el cráneo.

Sus compañeros no pudieron transportarle por intensificarse el fuego y junto a él quedó solamente el Teniente Francisco Gómez (conocido como Panchito Gómez Toro), hijo del General Máximo Gómez, quien voluntariamente enfrentó a la columna española para proteger el cadáver del general. Luego de ser herido de bala varias veces, los españoles lo remataron salvajemente a machetazos, dejando los dos cuerpos abandonados, sin saber la identidad de los caídos.

Los cadáveres de Maceo y Panchito fueron recogidos al día siguiente por el Coronel habanero Aranguren, quien al saber lo ocurrido se dirigió de inmediato al lugar. Luego fueron enterrados en secreto en la finca de dos hermanos, quienes juraron guardar el secreto hasta que Cuba fuese libre e independiente y pudieran llevarse a cabo los honores militares correspondientes.

Antonio Maceo y Grajales no solamente fue una figura clave en el movimiento independentista cubano de la segunda mitad del siglo XIX, además de un genial estratega militar. Su pensamiento libertario, basado en el honor y la virtud, marcó el pensamiento de la generación que le siguió, junto al pensamiento vasto y abarcador de José Martí y puede decirse que continúa viviendo entre lo mejor de la juventud cubana.

Actualmente, los restos mortales de Antonio Maceo y Grajales descansan en el monumento del Cacahual, cercano a los límites de la antigua finca de San Pedro, y es lugar de peregrinación de los cubanos. Es ya una tradición que las graduaciones de las academias militares cubanas se realizan junto al Cacahual.