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Batalla Naval de Santiago de Cuba

La Batalla Naval de Santiago de Cuba tuvo lugar el 3 de julio de 1898 a la salida de la bahía de Santiago de Cuba durante la Guerra Hispano-Estadounidense.

En 1898 Estados Unidos ordenó a su flota del Pacífico que se dirigiera a Hong Kong e hiciera allí ejercicios de tiro hasta que recibiera la orden de dirigirse a las Filipinas y a la Isla de Guam. Tres meses antes a esta orden se había decretado bloqueo naval a la isla de Cuba sin que mediara declaración de guerra alguna.

El 15 de febrero de 1898 explotó en el puerto de La Habana el acorazado Maine de Estados Unidos, que se encontraba en Cuba en una visita antidiplomática de provocación que no había sido anunciada previamente. La explosión fue provocada deliberadamente por sus propios tripulantes, que se encontraban en tierra en una fiesta ofrecida por los españoles a pesar del bloqueo naval y del insultante comportamiento estadounidense. Estados Unidos acusó a España de la explosión y declaró la guerra con efectos retroactivos al comienzo del bloqueo, enviando rápidamente sus tropas a Cuba.

El 1 de mayo la flota del pacífico de Estados Unidos se enfrentó en batalla naval a la flota española de Filipinas. En aquel momento muy pocos creían que un país, como Estados Unidos, que hasta aquel momento no había tenido Armada y nunca había librado una guerra fuera de sus fronteras pudiese derrotar a la Armada española, considerada una de las mejores del mundo. Sin embargo, la escuadra española de Filipinas fue totalmente destruida en el llamado desastre de Cavite.

El gobierno de España decidió enviar a Cuba otra flota de la Armada, bastante similar a la recientemente perdida en Filipinas, en el desastre de Cavite, al mando del almirante Pascual Cervera y Topete. La escuadra zarpó el 29 de abril.

Estados Unidos, por su parte envió dos flotas a Cuba. En conjunto, ambas flotas eran claramente superiores militarmente a la española. Sin embargo, tenían la prohibición de enfrentarse por separado a la escuadra española, pues ésta estaba considerada una de las mejores flotas de su tiempo.

A su llegada a Cuba, la flota española permaneció atracada en el puerto de Santiago evitando el combate en mar abierto contra las flotas estadounidenses. Era un lugar aparentemente seguro, pues al enemigo le resultaba casi imposible entrar, pero del que resultaría muy difícil salir si la escuadra estadounidense establecía un bloqueo. Cervera estaba convencido de la imposibilidad de su escuadra de mantener un enfrentamiento directo con los estadounidenses, dada la manifiesta inferioridad de sus barcos.

La flota estadounidense arribó el 19 de mayo de 1898 al puerto de Santiago de Cuba. La flota española permanecía bloqueada en el puerto de Santiago, y resistida a salir de la seguridad del puerto.

En el momento que toda la flota estadounidense estaba en espera, la flota española se decidió a salir de la bahía por ordenes del gobierno.

Todo sucedió en la madrugada del 3 de julio, tras una desastrosa batalla en la que la flota española resultó seriamente dañada.

El puerto de Santiago era aparentemente un buen refugio, pues ofrecía protección a la flota frente a un ataque de fuerzas navales, pero, por esas mismas características, resultó una ratonera para la flota española al salir de puerto a prestar batalla.